martes, 11 de julio de 2017

La falta de afecto físico está destruyendo a los hombres.


LA COMODIDAD DEL CONTACTO


¿Con qué frecuencia los hombres tienen la oportunidad de expresar afecto a través de contacto físico platónico? O sea, contacto afectivo pero no sexual. ¿Qué tanto sucede entre hombres y mujeres? ¿Qué tanto sucede entre hombres? No hablo de un apretón de manos o un abrazo rápido. Hablo de un contacto prolongado entre dos personas que sea cómodo y cariñoso, pero no sexual. O sea, entre personas que no sean amantes y que nunca lo serán.

EJERCICIO RÁPIDO!!! Si sos hombre y te gustan las mujeres, pensá en la idea de un contacto prolongado con otro hombre. ¿Qué tan rápido entra esa idea en el asqueroso espectro de la homofobia? ¿Y por qué?

Mientras muchas mujeres se sienten libres de tener un contacto físico con otras, los hombres se mantienen sospechosos cuando tocan a otros. Se restringe el contacto físico platónico solamente entre padre e hijo o entre hermanos. Y tristemente, muchas veces no llega ni a eso. ¿Qué consecuencias tiene esa filosofía tan presente en nuestras vidas?


FALTA DE CONEXIÓN FÍSICA


De adolescentes, el contacto físico entre muchachos no existe a no ser que sea algún juego agresivo o bullying. Esto, sin querer, les deja con inseguridades acerca del contacto humano. Y con frecuencia rechazan contactos afectivos, inclusive a quienes consideran sus amigos. No es que no puedan hacerlo, simplemente es algo que se siente un poco… raro… fuera de tono. Como si estuviesen haciendo algo que no encaja.

El contacto con amigos entonces se reduce a un apretón de manos o una palmadita en la espalda. Los abrazos entre hombres y a veces con las mujeres, se convierten en un ‘Ballet de lo incómodo’. Una ridícula coreografía en la cual al abrazar, alejamos nuestra cintura lo más posible. Hombros cerca, pelvis lejos, tratando de dejar muy en evidencia de que no estamos teniendo ningún tipo de momento de atracción. El problema es que nos esforzamos tanto en que se note nuestra neutralidad sexual, que muy difícilmente encontraremos gozo en estos momentos de conexión física.


LA SEXUALIZACIÓN DEL TACTO


Aparte de no disfrutar realmente del contacto, los años de vergüenza y de prejuicios nos han hecho desconfiar de nosotros mismos. “¿Acaso disfruté demasiado ese abrazo?”, “¿Estoy teniendo pensamientos que no debería?”. Esta desconfianza nos hace tener reservas a la hora de tocar a otro ser humano a menos que se hayan establecido los ‘términos de interacción’ y casi siempre estos se reducen a: ‘Solo contacto afectivo con nuestras parejas’. O sea, el AMPLIO universo de contacto humano platónico se limita exclusivamente a una única persona y se convierte casi obligatoriamente en sexual.


EL EFECTO DE LA PATERNIDAD


La mayoría de hombres hoy en día descubre el afecto con otro hombre hasta que nace su primer hijo. Cuando se te acurruca en los brazos o se te sienta en las piernas, te abraza por el cuello y uno de pronto se da cuenta de un tipo de contacto que ha faltado mucho en sus vidas. Pero eso es lo triste: Tiene que nacer un hijo o se te tiene que enfermar alguien cercano para que puedan desarrollar estas muestras de afecto. Para conocer el poder de un acercamiento físico cariñoso y gentil.

¿Cómo le explicamos a nuestros hijos cómo funciona el contacto físico? ¿Cómo separamos lo sexual de lo platónico? ¿Acaso en el placer del contacto físico existirá siempre una dosis sexual por muy pequeña que sea? Dudo mucho que sea una pregunta que se haga una persona en los países más desarrollados de Europa, pero aquí en América Latina, generaciones tras generaciones de vergüenza sexual la han convertido en una pregunta central. Al poner el miedo de lo sexual como lo principal en casi todas nuestras interacciones, hemos descartado prácticamente todo contacto que pueda tener aunque sea un mínimo sentido sexual indeseado.


RENUNCIAR AL CONTACTO HUMANO


Y para empeorar las cosas… Muchos padres comienzan a abandonar el contacto físico cuando sus hijos varones comiezan la pubertad. El resultado de esto es que para los hijos varones, toda oportunidad de contacto se le asigna a las muchachas jóvenes, de quienes se espera que actúen como las guardianes y anfitrionas de su contacto físico. Esto lo que les enseña a los muchachos es que:

  1. Todo contacto es sexualmente sospechoso.
  2. Tenés que encontrar novia, porque si no, no tendrás ningún tipo de contacto.

La cultura latinoamericana le deja a los hombres muy pocas opciones. Mientras que la agresividad en una cancha de fútbol o al pelear en el recreo puede resultar en momentos esporádicos de contacto humano, la gentileza no. Y los jóvenes pierden así la conciencia y noción de lo que es el contacto gentil y platónico durante su niñez y que a veces lo vuelven a descubrir hasta que nacen sus hijos.

¿Y dónde lleva eso a los hombres? A sentirse física y emocionalmente aislados, lejos de un verdadero contacto físico. O sea, lejos de algo que se sabe que reduce el estrés, que promueve el autoestima y el sentido colectivo. Cualidades muy necesarias y que hacen falta en el mundo.

En vez de eso, caminamos en ciudades sobrepobladas solos y desconectados. Con hambre de conexión física.


BUSCANDO UNA CONEXIÓN REAL


“Necesitamos contacto físico y al eliminarlo, el resultado es aislamiento físico.”

¿Nos asusta entonces que las relaciones en nuestra cultura estén tan llenas de ira y miedo? A los muchachos se les abandona en una isla solitaria de aislamiento físico y la única forma que pueden llenar ese vacío es buscar el contacto sexual para recibir la conexión que necesitan.

Esto le pone una presión demasiado alta a nuestras relaciones sexuales. Más de lo que debería. En cambio, si los hombres pudiésemos tomar nuestra necesidad de contacto físico y distribuirla en todas esas relaciones platónicas que tenemos, haría maravillas con respecto a nuestro sentido de conexión con el mundo. 


EL MIEDO A SER JUZGADOS


Aquí están entonces las razones por las cuales no nos sentimos cómodos con el contacto físico:

  1. Vivimos en una cultura violentamente homofóba que cree que todo contacto entre hombres es sospechoso.
  2. No queremos arriesgar nuestro estatus de macho o de figura de autoridad al ser físicamente gentiles.
  3. No queremos lidiar con el rechazo cuando nos abrimos emocionalmente.

Y la raíz de todos estos problemas está en que a la mayoría de nosotros nunca se nos enseñó a hacer contactos cariñosos sin ningún tipo de intención sexual. No nos enseñan que podemos tocar y ser tocados de forma cotidiana como una expresión platónica de contacto humano afectivo. Y esta inhabilidad de conectar cómodamente a través del contacto físico deja a los hombres aislados emocionalmente, y contribuye a muchos otros males derivados de este vacío. Depresión, alcoholismo, violencia, entre muchos otros.

Y aquí está el otro asunto complicado. ¿Qué tal si esa falta de contacto físico provoca en algunos hombres que sean demasiado agresivos hacia las mujeres, quienes vistas como las guardianes de la afectividad física, llevan encima una carga y presión que nunca debieron tener? Sumado esto con la cantidad de represión afectiva que tenemos desde la adolescencia y sumado también con la percepción de que es tu pareja mujer quien debe de compensar por toda esa represión afectiva, los hombres pueden llegar a límites bastante intensos a la hora de exigir “su derecho al contacto”. Y dado que el contacto que más conocemos es el sexual, de ahí también se deriva el comportamiento de violencia sexual en algunos hombres.

Lo triste es que como hombre, por ser educados así, creemos que es nuestro derecho. 


¿¿¿SOLUCIÓN???


Comenzando por el contacto entre padre e hijo, entre hermanos, entre abuelos y nietos, es cuestión de perder el miedo y los prejuicios a las expresiones físicas de afecto: Los abrazos, los brazos encima, las manos sostenidas, tanto en privado como en público.

¿Cuántos se imaginan esto y sienten un pequeño jalón en el estómago que les dice: “nooo, pero es que eso ya estaría raro, no me sentiría cómodo mostrando afecto a otro hombre públicamente”? Pues ESE es el problema. Esa es la señal más evidente de que tenemos una muy mala construcción sobre lo que significa dar afecto entre hombres. ¿Cuántos piensan que: “Ah, es que ya que nos vean agarrados de la mano, ya sólo falta el beso en la boca.”? Pues ahí está esa sexualización obligatoria que hacemos con respecto al contacto físico, creyendo que todo tacto incluye en sí algún tipo de significado sexual.

A fin de cuentas, aprenderemos a olvidar ese miedo al tacto en el contexto de nuestras vidas personales y en nuestras interacciones cotidianas. Aprendiendo a expresar amor de forma platónica y afecto a través del tacto. Será un cambio muy significativo y positivo en nuestras vidas, y de eso también depende que tengamos una vida plena y satisfactoria. El sexo no tendrá la presión de ser nuestra mayor muestra de afecto, sino que el afecto estará distribuido entre cada interacción que tengamos con nuestros seres queridos. Hombres y mujeres. Puro tacto.

El tacto ES vida.

Inspirado en el trabajo de Remaking Manhood.

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